Una visita especial

Hoy nos visita la pluma de.. ahora que hago? con un texto que toca fibras profundas, y revive ayeres.. 

"Con las emociones al limite, los sentimientos desnudos, sed de venganza, gritos implorando un kastigo ejemplar.."  asi es como Alex enseña de que esta hecho!! Demostrando porque en su korta existencia.. la pregunta ahora que hago? es solamente una frase, porque él tiene más que una ruta trazada, tiene un destino.. un kamino!

 Disfruten de.. "El condenado."


El condenado sabe que va a morir, que sus mejores cartas fueron ya jugadas y que el próximo paso es la inevitable muerte. Sabe que tiene miedo, que una parte que no reconoce como suya le oprime el pecho y lo llena de rabia y resignación. Sabe que no hay alternativas. Sabe que cada miembro del jurado lo señala culpable. Y sabe que ser culpable es lo único verdadero y sincero que ha tenido en toda su paupérrima vida –y lo último que conocerá, seamos sinceros-. 

El condenado se pone de pie: escucha las palabras del juez, mira a su lado: nadie lo socorre, nadie espera el proceso cambie a su favor, nadie lo mira más si lo señala, más si vuelven su odio y su ponzoña contra él.
-Cual será el castigo- pregunta el juez.
-La horca- rugen desde el fondo.
-La inquisición- sugieren por ahí.
-Que le corten la cabeza.
-Que sea llevado al medio del desierto, sin agua ni alimento, y así pague su lengua viperina y  sus opiniones  “fuera de lugar”.

El condenado no dice nada, trata de no pensar, deja liberen sus odios. Ya es demasiado tarde. Su pecado seria pagado con la muerte. No hablaría porque cada palabra seria usada en su contra, cada silaba seria tomada como un acto de herejía y blasfemia. No podían darse el lujo de dejarlo pensar conforme a sus ideas, porque sus ideas estaban corrompidas y envenenadas, porque todo acto de valentía iba en contra del honor del juez y el pueblo –que tan inmaculado pensamiento jamás habían intentado siquiera mancillar- y porque, sobre todo, no estaban conformes con una sinceridad de tamaña envergadura. 

El condenado siente, tras su espalda, un par de miradas piadosas, de lastima.  Cree escuchar consejos, cree sentir aliento y consuelo. Cree pero no puede oírlas. Quiere y no puede pues esas miradas se encuentran lo suficientemente lejos para ser vistas o escuchadas. Sin embargo: rectifícate, aclara todo, te lo pido, ten la generosidad de expresarte de manera educada y sin lastimar a nadie. Pero el condenado no oye, no quiere seguir el consejo, y ahora camina mientras es llevado por sus verdugos, mientras lo empujan al suelo, mientras insultan su talento para la discordia y el resentimiento, mientras  vomitan insultos alusivos a su pronta muerte, mientras tiene miedo, mientras siente el final cerca, mientras llora en la clandestinidad de sus fríos gestos y su mirada de libre pensador.  

Sale del recinto, avanza unos metros, mira la plaza, oye los gritos y recibe las piedras y saliva que arrojan a su cuerpo. El condenado es consciente que ha sido condenado y que por serlo lo recordaran como una molesta piedra en la planta del pie. El condenado será recordado por la cobardía de pedir ayuda al final de sus palabras, será recordado por las blasfemias que profiere contra quien cruce su camino. El condenado sabe que vivir en la época que vive –y en el lugar donde vive- cada pensamiento y palabra libre –aunque fuera con la mejor de las intenciones- seria tomada como una deslealtad al rey, y que el rey se haría con toda su artillería para hacerlo ver como el error que cometió y no volverá a cometer. El condenado dejara de llorar pronto. 

Al final, antes que el sol se ponga, descansa su cabeza sobre una superficie de madera y cuatro patas, con una  abertura maléfica en forma de media luna, y cierra los ojos, jurándose morir con la cabeza en alto, sonríe al pueblo y la muerte le llega en aquel ultimo suspiro de libertad y buenas intenciones.
Su memoria no quedara para nadie, su labor será olvidada, el odio que el rey inyectó en el pueblo perdurara hasta que éste lo decida. Pero ya no hay palabras.
El pueblo aplaude mientras rugen: se lo merecía. 

Y le agradezco por acogerme en su espacio, y brindarme un pedazo para plasmar mis letras..los invito a leerme por aka.
8 Responses
  1. Flor Says:

    Hola mi sobrinita querida!

    Muy muy bueno tu escrito!

    Se habla, se habla,se habla, se condena, se vuelve a condenar, se entierra vivo, se vuelve a enterrar, se lo saca de la tierra, se lo deja morir sin dejarlo que se explique, sin oir sus pensamientos. No se oien! Muchas veces la maldad de un pueblo, condena y condena sin conseguir darse cuenta que hasta el final de los finalmente, uno puede ser considerado INOCENTE!!
    A todos los minutos en todo el mundo, queremos que nos entiendan, deseamos ser oídos y seguimos sendo condenados y muertos y enterrados callados. Muertos callados!!

    Muchos besos querida
    Tia Flor


  2. Pluma Roja Says:

    me gustó mucho tu relato. Te digo que siempre creí que como era el protagonista, habría una campana salvadora y al fina, ¡Cuas! le perdonarían la vida. Como en el cine, que siempre el protagonista se salva.

    Un final inesperado, otra de las cosas que me agradó.

    Saludos cordiales Dayann.

    Hasta pronto, mija. Un beijo.


  3. Javier Says:

    buen relato!


  4. Alma Rosa Says:

    es tuyo o es de otra persona? es que en eso me perdì, pero sea de quien sea es un muy buen relato, felicidades


  5. Alexander Says:

    gracias, dayan, por las palabras. Fue escrito en un interesante momento de mi vida.
    Me siento muy comodo, por cierto, ser parte de este post.
    Pero creo que deberias invitar a tus lectores a leer tu regalo para mi blog (http://ahoraqhago.blogspot.com/, que es mas digno de leer que el mio.
    Un beso.


  6. Muy buen relato, tal vez un poco crudo, pero así es la vida.
    Aunque nunca entendí por qué lo condenaron.


    Saludos.



  7. Sá* Says:

    Ya estoy por aquí otra vez. xD
    Me ha gustado el relato de Alex, y me ha gustado el tuyo. Y sobretodo me gusta esto de hacerse publicidad unos a otros. jaja.

    Un besito.